El discípulo de la calle
Por :Melissa Castillo
Increíble historia de un ex delincuente, de las duras calles de New York, donde robo, trafico con drogas hasta asesino dejo al lado esa vida para venir a Lima regenerado y con muchos sueños como el poder ser cantante y regresar a Estados unidos y convertirse en un gran cantante y sacar su disco.
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l popular “discípulo” como me pidió lo llame, por no querer dar su nombre, es un pintoresco personaje que se menea entre los micros de la Avenida La Molina, robusto y de pequeña estatura se dirige y produce una viva falsa, en un mundo subjetivo del que me doy cuenta por sus contradicciones en el tiempo de los supuestos hechos. Se ha proclamado desde cantante hasta microempresario, el chato como lo conocen sus colegas dateros, es un fanfarrón que solo quiere levantar una buena flaca a punto de cuentos.
El discípulo sale de su casa en San Juan de Lurigancho, recorre largas pistas todos los días hasta La Molina donde trabaja como datero para ganarse el pan de cada día, su jornada laboral es de solo cuatro horas, da tiempos y características de las cueteadas custers que desfilan por la transcurrida avenida, su manera singular de llamar pasajeros es graciosa, lleva su mano cerca a su boca, haciendo un ademán de rapear mientras cumple su misión. Que va acorde con su look de cantante de rap, sí de esos que salen en la televisión.
Sin duda, él es el datero más popular de los alrededores, viste de shorts largos y anchos, aretes que brillan con la luz del día, collar largos y una gorra al estilo Daddy Yankee que da que hablar, es un arma de doble cara, con penetrantes y falsos ojos azules camina tambaleándose cual hombrecillo forajido.
“El es un buen pata, solidario, amiguero, pero está un poco zafado, es demasiado florero y posero, siempre está detrás de flacas bonitas y aunque no lo creas le dan bola, debe ser por su voz, que hay que reconocer si tiene muy buena voz. Está perdiendo plata este chato”
Me susurra al oído su compañera de trabajo Karla Panea cobradora de la línea donde él trabaja.
Todos lo saludan o le pasan la voz, es espontaneo, contesta con un amable gesto rapero. Que contrasta mucho con la apariencia que tiene.
Su lado microempresario se desarrolla luego de su primer trabajo en La Molina en el populoso Centro Comercial Las Malvinas, donde es dueño y señor de un stand de ropa urbana, tal y como a él le gusta, hincha acérrimo de Eminem, sueña con ser como él con su fama su dinero y jura que algún día lo será y lamenta la falta de cultura en el país que no valora el arte que dice llevar en sus venas. Y se autoproclama ser todo un poeta devaluado.
“Cuando fui a Nueva York, y viví allí por cuatro años y aprendí verdaderamente lo malo, no es nada comparado con las monces calles de Lima. Mientras me cuenta su experiencia lo hace como si enorgulleciera de esto me cuenta también que en New York experimento con todo tipo de drogas, tuvo su primera enamorada y cometió su primer delito. “Fue por el año 99 quería ganar dinero fácil, me había gastado toda la plata en drogas mujeres, alcohol y estaba sin dinero y en la calle porque el cuarto donde compartía con un Español y un Jamaiquino me botaron porque me había atrasado en pagar el alquiler del cuarto”
“La de todos, sin tener a donde ir fui a ver a unos patas, necesitaba dinero con que comer, el mejor consejo que ellos encontraron para mí fue: Vende droga. Tontamente lo hice, no creía en nada ni en nadie, los menores de edad eran mis mejores compradores, por ellos conocí la carceleta de algunas comisarías, era caserito y así poco a poco me volví el bravo. Si vendes en algún momento consumes y tal como dicen las letras, de mis canciones que compongo, mi vida era una mezcla de ASD, alcohol, sexo y drogas. Hasta que por estar tan metido en ese mundo me rompieron la cabeza y estuve internado en el hospital un mes. Fue allí donde decidí alejarme de ese mundo, y bueno me deportaron para Lima porque era ilegal.”
Sus numerosos tatuajes, sus numerosas cicatrices en su cara y su quemada piel y quizá su pequeña estatura reflejan a un hombre maleante de unos veinte tantos años, pero increíblemente bordea los cuarenta. “Soy del setenta y cuatro, todas mis flacas están entre los dieciséis años, yo no las contradigo, ni las desmiento” dice con la mano tapando su boca. Como avergonzándose de mentira.
“La gente me mira mal aunque tenga la apariencia ruda y mirada de malo, tengo buen corazón”, menciona esto El mientras acomoda su gorra y se avecina una custer de la línea CTI a quien debe informarle que esta con tiempo.
Uno de sus hobbies es cantar y rapear, quiere sacar su disco acompañados de grupos exitosos de Lima, como Callao Cartel y sueña algún día en volver a New York para ser famoso y que todos lo conozcan. Como Daddy Yankee, su otro ídolo donde abarrota las paredes de su cuarto con fotos, revistas y CD y todo el espacio de su moderno reproductor de música, escucha todas las canciones Incluyendo una grabación con su propia voz menciona esto mientras se tumba en el pasto del parque cerca de allí. En su hora de descanso. Y también aprovecha para que lo escuche cantar una de las canciones que le dedico a su enamorada mirando perdido con los ojos cerrados y las manos extendidas como imaginando estar en un escenario.
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Si antes fui un delincuente ahora estoy regenerado y trabajo dignamente
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